EL GRAN ESPIRITU
A la sombra de los abedules,
bajo el profundo azul de los cielos
y sobre las cristalinas ondas
del gran lago Karegnondi;
esculpida en cóncavas conchas
y guardada por los vientos
que bajan de lejanas y blancas cumbres,
yace la morada del Gran Espíritu.
Desde su cósmica isla y altar sagrado
Gitche-Manitou impregnó
de su espíritu todo lo que existe.
Y dio vida a los primeros humanos
quienes llevaron la Gran Conexión
desde su morada en Manidoowaaling
hasta los pueblos que se fundaron
en las infinitas llanuras,
en las sagradas cordilleras,
en los ardientes desiertos y cañones
y a las orillas, riberas y arenosas playas
de mares, lagos, lagunas y torrentosos ríos.
El poderoso correr del bisonte,
el majestuoso vuelo del águila,
el laborioso vivir del castor
el acecho y energía del hurón,
la nobleza y astucia del lobo blanco,
la escarcha de la luna y el oro del sol,
la inteligencia y valentía del cazador,
la fraternidad alrededor de las fogatas
y el misticismo sagrado de los chamanes.
¡Todo!
¡El Gran Espíritu
llenó - con su soplo divino -
de amor, resilencia y sabiduría
la plenitud de su creación!

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