YAPPAN
Bajó al
Miktlán
- donde
habitan los muertos -
decapitado
por el deseo.
¡Su castidad
burlada y rendida
ante la seducción de Xochiquetsal,
la bella y sensual diosa
flor!
Y se
convirtió en rastrero negro
que acecha
entre las piedras,
condenado a
las nueve penas
por designio del iracundo Yaotl.
Moría con su promesa arrebatada
por la lujuria de su carne
- acompañado de su fiel Tlahuitzin -
mientras la
diosa de los aromas,
las
primaveras y los deseoss furtivos
- la que lo sedujo -
sonreía maliciosa
y complacida
las
desgracias del incauto Yappan.
¡Otra víctima ingenua de la vanidad!
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